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Alberto Martín del Valle es un abusador que anda suelto y acecha en comedores de la provincia de Buenos Aires. Conocé la búsqueda de justicia de Yamila y sumate para prevenir más violaciones impunes.

Violador culpable y en fuga

En 2009, en Puan, un pueblo del sudoeste bonaerense, una niña de 11 años fue sometida a reiterados abusos sexuales agravados, bajo amenaza de arma de fuego, por parte de su padrastro, Alberto Martín del Valle.

La gravedad del delito fue en constante ascenso: la víctima quedó embarazada a causa de las violaciones, y por ello del Valle la secuestró e intentó que le practicaran un aborto clandestino sin éxito, para luego huir en condición de prófugo.

Meses después, los peritajes científicos de ADN ratificaron de forma inapelable la culpabilidad del acusado. La declaración de la niña en Cámara Gesell y los testimonios vecinales completaron un cuadro probatorio contundente. Sin embargo, la causa judicial permaneció sin mayores movimientos y pudo perfectamente haber caído en el olvido la Fiscalía N°12 de Bahía Blanca, a cargo de la fiscal Leila Scavarda.

Una hermana contra el olvido judicial

Pese a la certeza absoluta de la prueba, la maquinaria judicial revictimizó a la familia con extensas jornadas de declación testimonial. Yamila Segovia, hermana de la niña abusada, de apenas trece años por aquellos días recuerda, recuerda hoy fielmente la desidia policial que padecieron.

Cuando acompañaba a su madre a la comisaría para solicitar información sobre los avances de la causa, la respuesta del comisario era:

«No se preocupen, chicas, Del valle va a caer cuando vaya a votar».

Sin asesoramiento, conocimientos, recursos económicos, ni patrocinio legal propio; la causa permaneció sin avances. Pero Yamila se negó a aceptar el destino de olvido burocrático para el delito impune de su hermana. Creció, se formó como profesora de educación inicial en Púan, y desde allí, mientras continuó ejerciendo como profesora de educación inicial, se formó en la carrera de abogacía, se graduó y finalmente se especializó en derecho penal.

Ahora, como abogada, la Dra. Segovia pudo solicitar acceso al expediente del caso, leer incluso su propia declaración de niña, y ponerse en acción para para romper el candado del olvido institucional del poder judicial de Bahía Blanca.

Conformó un equipo legal junto a Norberto Felippini y Leonel Baéz, y gracias a la investigación que llevaron a cabo, pudieron descubrir algo clave sobre la conducta de Alberto Martín del Valle: como en todos esos años, no se había comportado como la mayoría de los prófugos.

Un perverso fiel a su condición

El equipo de justicia autogestionada de la Dra. Segovia detectó un patrón de conducta en este ser siniestro: a diferencia de otros prófugos que buscan perderse en la clandestinidad hasta borrar toda evidencia de su propio rastro, del Valle se escondía a plena vista, aprovechándose de la ingenuidad y bondad ajena, en escenarios de emergencia y vulnerabilidad social.

Su deseo de seguir abusando lo llevaba a adulterar su identidad bajo nombres como Martín Morales o Martín Lescano, o aliases como Coli, Colifa, Vofi, Jaba, o Jabalí. La conducta de este individuo consiste en servirse del desamparo que se vive en los barrios para posicionarse de manera estratégica como colaborador en iglesias, comedores y merenderos del conurbano bonaerense.

De manera sistemática, llegó a a lugares como Solano, Varela, Bosques y Quilmes, hizo uso de falsa identificación, y desde allí encontró la forma para integrarse como voluntario en espacios de cuidado comunitario. Todo para acercarse nuevamente a menores de edad y así poder violar otra vez. Del Valle aprendió a esconderse y sabe a quiénes elegir; en Mar de Ajó, logró evadir un allanamiento policial y escapó gracias a una filtración de información.

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Este caso forma parte de #Irrevocable, una serie de Historias Reales sobre el caso Del Valle. La investigación documenta la desidia judicial y busca impulsar una reforma para que las causas vinculadas a predadores sexuales prófugos no prescriban.

Historias Reales es un programa de trabajo del Centro Cultural de la Innovación, CCi | @CCifuturo

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