El canal de Río Cuarto, Córdoba, viene reportando sobre la crisis que se está viviendo en Bahía Blanca, Coronel Rosales y otros puntos de la provincia de Buenos Aires y el País.
¿Cómo estamos hoy en Bahía Blanca?
Estoy en Bahía Blanca y lo primero que tengo que decir es que la ciudad está arrasada. Hasta hace instantes estuve recorriendo junto a Matías, un referente que durante la pandemia empezó a enviar donaciones con su emprendimiento, y estuvimos en toda la periferia. Hoy a la mañana también recorrí el centro, así que pude ver ambas caras de la ciudad.
Hay grandes asimetrías entre una y otra, pero en el fondo se repite lo mismo: el impacto del temporal es mucho más grande de lo que hubiéramos anticipado.
Recorridos: el centro y los barrios
Más allá del problema del arbolado, que fue devastador, estuve registrando imágenes y testimonios. Hoy publiqué imágenes de la plaza Rivadavia, la plaza central, donde vemos árboles de más de cincuenta años destruidos y casi la mitad de la plaza arruinada. Es una imagen que genera desconsuelo.
Pero eso no se compara con lo que se ve en los barrios. En los lugares donde hay viviendas precarias, directamente fueron demolidas. Muchas veces con las personas adentro.
¿Qué pasó el sábado
Todo sucedió el sábado alrededor de las seis de la tarde. Hubo una llovizna, salió el sol, había anuncio de temporal, pero no se dimensionaba que iba a ser algo tan devastador. Duró alrededor de cuarenta minutos. Fue breve, pero a la vez se sintió perpetuo.
¿Cuál es la situación actual?
Hoy estamos sin luz, sin electricidad, sin transporte público. Estamos sin comunicaciones en gran parte, porque no todas las operadoras funcionan igual y porque la mayoría no tenemos batería en los dispositivos.
Hay un éxodo hacia el centro. La gente va a cargar los teléfonos. Cada punto donde uno puede conectarse está saturado, lleno de personas con zapatillas eléctricas tratando de comunicarse.
Hace horas logramos contactar a una persona cuya familia no sabía si estaba bien. Se le había caído un árbol sobre la construcción. Ella se había escondido abajo de una mesa. Estos testimonios se multiplican en distintos puntos de la ciudad. Hoy vemos una ciudad apagada, en duelo.
¿Qué se sabe de la tragedia en el club?
Lo que se puede decir es que fue algo muy trágico que sucedió repentinamente. Se precipitó una de las paredes que estaba a espaldas de las personas sentadas. Había un espectáculo de patín.
Esto no solo se cobró la vida de quienes fallecieron, sino que también dejó una situación límite que fue presenciada por muchos niños y niñas, lo cual tiene un impacto traumático muy grande.
Por las características del fenómeno, todo esto todavía no está pudiendo ser abordado. La demanda que tiene defensa civil y toda la estructura sanitaria es mucho más alta que la capacidad de respuesta de la ciudad.
¿Cómo está respondiendo el Estado?
En Bahía Blanca hubo recientemente un cambio de gestión. Actualmente está Federico Susbielles como intendente. Estuvo presente el gobernador Axel Kicillof y hubo presencia del Estado desde la provincia.
La llegada del presidente y de los ministros fue posterior. El presidente habló de la resiliencia y de la solidaridad de la población, de que íbamos a poder salir adelante. La verdad es que es preocupante escuchar algo así en este contexto. Estamos viendo una ciudad desmantelada por un fenómeno climático en un lugar donde lo ambiental tiene historia. Yo estuve recabando testimonios y la población necesita una presencia del Estado concreta.
Necesitamos ayuda. La necesitamos en Bahía Blanca, en la región y en otros puntos donde también hubo temporales. Cuando uno se accidenta quiere que venga la ambulancia, no que le pregunten otra cosa. Necesitamos la presencia del Estado. Para eso vivimos en sociedad.
Lo que le demandamos a las autoridades es compromiso y acciones concretas. Estas vacilaciones e improvisaciones no son oportunas en una emergencia.
¿Cómo se vive en lo cotidiano?
Mi propia situación es frágil. Estoy mirando la heladera y contando las horas para ver qué hago con la mercadería del freezer porque se va a echar a perder. Pero la fragilidad de otras personas es mucho mayor.
Hay muchísima gente trabajando, ayudando, viendo qué se puede hacer por otros. En los barrios hay personas que tienen muy pocas posesiones materiales, que están muy cerca de no tener nada, en un contexto económico muy difícil. Y aun así, piensan en cuidar a sus familias, se refugian como pueden, tratan de comunicarse y pedir ayuda. Incluso sonríen.
¿Qué necesitamos ahora?
Yo quiero confiar en que esta situación puede cambiar, que las autoridades pueden entender que esto no es una cuestión ideológica. Estamos hablando de la vida. De niños y niñas. De lo más básico.
Mi última recorrida por la ciudad es desesperante. Es difícil de comprender lo que está pasando.
Necesitamos visibilizar esta realidad con toda su crudeza, porque es real. No es opinable. No hay perspectivas distintas. Estamos hablando del derecho a la vida, del derecho al bienestar, de lo más básico que una sociedad tiene que garantizar. Y necesitamos más, que esa visibilización se traduzca en ayuda concreta.