El 8 de marzo no es solo una fecha de visibilización. También es una oportunidad para pensar violencias que atraviesan lo económico, lo laboral, lo institucional y lo mediático. Natalia Velázquez lo cuenta desde su experiencia.
Este 8M para mí
No es un día de festejo para mí, es un día para tomar conciencia porque la violencia que vivimos muchas mujeres no empieza solo con un golpe.
Yo aprendí que existen distintos tipos de violencia: la psicológica, la económica, la laboral. Muchas veces están tan naturalizadas que cuesta identificarlas. Son comentarios, situaciones, formas de tratarte que te van desgastando sin que siempre se note desde afuera.
También viví cómo los medios y las redes pueden convertirse en otra forma de violencia. Cuando desde un medio publican algo sin saber lo que hay detrás y entonces la gente opina sin conocer la historia, eso también duele. Porque no solo atravesás una situación difícil y dolorosa, sino que además tenés que soportar la violencia verbal de otros anónimos en comentarios. Por eso digo que la violencia no es solo lo físico, sino la suma de todo y lo que pasa antes, durante y después, muchas veces sin que se vea.
Trabajo, discapacidad y lo económico
En mi caso, una parte muy importante de lo que vivo tiene que ver con el trabajo. Yo estoy en un taller protegido, que en teoría debería ayudarnos a crecer, a aprender, a tener oportunidades.
Pero la realidad es otra. Muchas veces no hay materiales, no hay organización, no hay producción real. Vamos, cumplimos horario, pero no siempre podemos trabajar como corresponde. Y eso genera frustración, desgaste y estrés, porque una quiere hacer las cosas bien, quiere avanzar, pero el contexto no acompaña.
A eso se suma mi discapacidad visual. Hay cosas que se podrían adaptar para facilitarme el estudio o el trabajo, pero muchas veces esas adaptaciones no están. Dependen más de la buena voluntad de alguien que de una decisión del sistema, y eso también me limita y me resulta una violencia. Como pasa con lo económico, donde que cobro no alcanza para alquilar, estudiar, sostenerme, y entonces todo se vuelve muy difícil, y abre la puerta a situaciones de dependencia que no son saludables.
Lo que pasa por dentro y lo que necesitamos
Todo esto tiene un impacto. No es solo una cuestión económica o laboral, es emocional y mental. Se vuelve estrés, ansiedad, falta de descanso… y todo eso se va acumulando. Y a veces una no sabe cómo sostenerse en medio de tantas cosas.
Aun así, yo sigo intentando avanzar. Estudio, me capacito, busco herramientas, trato de superarme. Pero también entendí que no alcanza solo con el esfuerzo personal. Si el sistema no acompaña, todo se vuelve más difícil.
Por eso para mí el 8M es esto: un momento para abrir los ojos. Para decir que estas cosas pasan. Para dejar de naturalizarlas. Y también para que entre mujeres, entre personas, podamos ayudarnos más. Porque nadie debería atravesar todo esto en soledad.